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jueves, 4 de diciembre de 2008

¡¡¡Súbale hay lugares!!!

¡¡¡Súbale hay lugares!!!

Ándale. Súbete.
No muerdo.
¿A dónde vas? ¿De dónde vienes?¿Quién te espera?
¿A quién le importas?


Blanca Paulina
Claudian Olguín
Yesica Guevara

RUTA 100


¿En dónde estás? ¿A dónde Vas?


Uno nunca sabe a dónde lo va a llevar la vida. Pero no, no nos vayamos tan lejos. Uno nunca sabe dónde estará el día siguiente, ni la próxima hora. Uno jamás sabe si llegará a su casa después de un largo día. ¿Y qué pasa mientras? ¿Cómo llegas? ¿En qué te vas?
Esta es una antología de lo que pocas personas reconocen pero que todos viven. Es una antología de cuentos de algo que todos, todos ha pasado, ¿has viajado en camión? ¿Te has mal viajado en camión? ¿Has tomado un taxi después de una borrachera? Les apostamos que sí.
Un viaje es mucho más que ir de el lugar a al lugar b. Un viaje, por muy corto que sea, representa un cambio. Pero fíjate bien. Fíjate que la gente está y no está. Todos piensan, todos añoran con llegar. ¿A dónde? ¿Al trabajo? ¿A la casa? ¿Llegar con un amor platónico? ¿A encontrarse con la muerte?
Todos comparten el mismo espacio. El mismo deseo. Todos quieren estar en un lugar menos en el que están. Por muy común que sea el viajar, el transportarse de un lugar a otro, hay historias ocultas, historias personales que se viven intensamente. En esta antología encontraras esas historias. Encontraras la realidad que personas como tu han vivido.
En este México lindo y querido pocas cosas sorprenden hoy en día. Pero ha llegado la sorpresa a nuestra vida: La literatura. Se abrió ante nosotras como una paleta de múltiples colores. La literatura llegó a nuestras vidas presentándose como señora, majestuosa, irreverente, cínica y despiadada. Después de haberla conocido no es posible pensar que es leer es algo aburrido. Una página puede evocar sensaciones que jamás habían llegado a tu vida. Más allá de conocer un estilo se conoce la realidad. Una realidad que por mucho tiempo estuvo oculta. Encontramos verdad y sentido en ellas. Un libro no son palabras escritas en cientos de hojas. Un libro son sentimientos plasmados con sangre. Es una verdad única. Es un grito silencioso del autor esperando ser descubierto. Por ese motivo los autores que se escogieron para la antología son mexicanos. Como tú y como yo.
Por fin algo que valió la pena este semestre. Por fin llegó algo que despertó en nosotros inquietud. Por fin nos llegó la literatura. La señora literatura.
La próxima vez que viajes sabrás que miles de historias están por ser consumadas, aunque sea sólo en la mente de una persona.
RUTA 100

martes, 2 de diciembre de 2008

El hoyo

Anónimo

…Ya de esto hace casi tres meses

– Transportes Regionales del Norte, diga usted…

– Necesito un flete fuera de la ciudad.

– ¿A dónde se va a llevar?

– A San Luis Potosí; avenida Cuauhtémoc 210.

– ¿Qué es lo que va a llevar?

– Un hoyo más o menos grande; como de dos por tres por dos cincuenta metros de altura.

– ¿Cuánto pesa más o menos?

– Muy poco, casi nada, es nomás un hoyo.

– De todos modos le mandaré un camión grande… Es por el volumen.

– ¿Cuánto me va a costar?

– Le cobraremos veinte mil pesos.

– De acuerdo. ¿Pueden recogerlo mañana a las ocho de la mañana?

– Sí, allá estaremos.

El camión llegó puntual. El chofer y los macheteros cargaron el hoyo con cuidado y sin mayor dificultad.

— ¿No lo amarran? —pregunté.—

No, no es necesario; cabe casi exacto en la caja.

— ¿Pero no se resbalará en la subida?

— No, va detenido con la redila de atrás.

El viaje empezó bien. Yo le temía a la calle empinada de a la vuelta y fui hasta la esquina. Sucedió lo que sospechaba: al ir subiendo por la calle empedrada, el camión se zangoloteó mucho y en una de esas, el hoyo rompió la redila y se salió por la parte de atrás. No fue eso todo lo malo, sino que para volver a cargarlo, el camión se echó en reversa, y como el piso estaba mojado, patinó y se cayó en el hoyo.

Y ahí empezó de verdad el problema, porque debiendo de ser yo el que reclamara, la compañía me echó la culpa: que porque la carga era peligrosa: y fuimos a dar a la delegación donde se armó un lío.

Total, que el juez nos puso a cada quien una multa: a ellos por causar tanto trastorno en la vía pública y a mí porque el hoyo quedó ahí a media calle. Y ahora, como no hay presupuesto para nada, pues ahí está el camión tirado dentro del hoyo...

...Ya de esto hace casi tres meses.



RUTA 100

Camarones – Barranca del Muerto

Blanca Ramos



Despierto bajo las sabanas, amontonándome con mis peluches – no quiero salir de aquí, ¿cuándo será el día en el que una voz suave me diga “mi amor te traje el desayuno” y vea caminar hacia mi cama a un hombre de esos que ponen en las novelas?
Metro Camarones, Tacuba, Polanco, Tacubaya, San Antonio, solo golpeo mi cabeza frente a la ventana todo va tan rápido, solo detengo la mirada cuando se abre la puerta, veo entrar, salir pasar, una bocina que me aturde – Eres secreto de amor, secreto- Johan Sebastian canta en mi oído, volteo de nuevo a la ventana; Barranca del Muerto, la mía, casi desorbito mis ojos, tomo mi bolso y me abalanzo a la gente, empujo, sudo, me tocan y toco, es tan temprano que no me da asco tocar todos estamos bañados.
8pm adormilada por el trabajo no pienso solo camino, Barranca del Muerto, la estación concuerda con mi ánimo, me toca de pie, intento no perder el equilibrio y no caer sobre la panza de el vendedor de lamparitas, me daría asco volver a casa empapada de sudor ajeno. Tacubaya, el entra se aprieta contra mi cuerpo la puerta, no cierra, empuja más me acorrala, no puedo resistirme, tomo una bocanada de aire, no huele nada mal, su quijada choca contra mi cabeza y no puedo evitar sentirme en el cielo, rodea mi cuerpo con sus brazos tratando de alcanzar un ancla entre tanta gente. Me mira profundamente y yo suspiro aliviada el siente lo mismo que yo; Metro Camarones me sonríe dejándome ver un ángel que se sale por sus boca y susurra – tu casa o la mía- ahora todos los días desayuno en la cama.

RUTA 100


Escuchar

Claudian Olguín



Estaba perdida en la ciudad, era de noche, no tenía a quien acudir. Mi celular no tenia pila, no tenía ni un centavo, no sabía qué hacer. Estaba lejos para llegar a Pirules y el lugar donde me encontraba no se veía nada bien. El miedo me invadía al igual que la desesperación, corría de un lado a otro y luego me detenía. La angustia cada vez aumentaba, de pronto me quede pensando en la banqueta y vi pasar a un taxi. Lo detuve y me subí, él noto mi desesperación y me pregunto a donde iba, le pedí que me llevara a Pirules pero yo no tenía ni un centavo, eso no se lo dije. Me relajé, observé el taxi y mire al hombre a los ojos que se mostraba inquieto, me dio mucho miedo pero comencé a platicar con él. Me platicó sus problemas, jamás me mencionó que mató a ocho personas y mucho menos que huía de la policía. El taxista se detuvo, sostuve una plática amena con él, no sé porque no me cobró, sólo recuerdo que me dio las gracias por escucharlo, yo cerré la puerta y me dirigí a la casa de mi tía. No había nadie, yo encendí el televisor y en las noticias encontré el rostro de aquel hombre que me trajo a casa y que buscaban por ser un hombre peligroso y cometer asesinatos sin causa. En aquel momento había robado el taxi y emprendía su huida.




RUTA 100

Estación de tren


Estrella Del Valle



Sabes que te hablé de golpe, que no quise hacerlo, que me obligó la ira, pero ya todo está bien, está bien de verdad ¿Es que no vas a creerme nunca? Deberías ponerte en mi lugar, saber por un momento como se siente que miren con esos ojos extraños todo lo que haces, deberías sentir esas miradas clavarse filosamente en tu espalda mientras te repites, una y otra vez y otra que eres un inútil, que tienes la cabeza hueca y nunca has hecho nada bien en tu pinche vida; pero no, tú nunca has aguantado detrás de ti las risitas ridículas de las secretarias de la oficina porque nunca en tu vida has trabajado, pero no te culpo, no te culpo por eso, discúlpame, discúlpame, por favor, es sólo que me molestan esas cosas, ya deberías de saberlo, pero no sé donde tienes la cabeza, tengo que repetirte todo de nuevo y sabes cómo me enoja tener que repetirte las cosas, escuchar las risitas estúpidas en mi cabeza y repetir las mismas cosas, mientras tú estás como idiota paseándote entre la televisión y la ventana ¿No te cansas?. Esa noche caminé hasta la estación de trenes, ya te lo dije, pensé que un poco de aire en la cara me haría sentir mejor, quería mirar los vagones alejarse con ese sonido ensordecedor que he padecido toda mi vida. Fui a la estación de trenes, fui a esconderme otra vez, como antes ¿Te acuerdas? Pero ese día fue diferente ¿Me crees? Fue diferente, quería escucharlo, quería sentir como mi corazón palpitaba con ese silbido, porque hace mucho tiempo que no siento mi corazón, hace mucho tiempo que mi corazón dejó de latir. En algún tiempo pensé que era una alucinación de mi parte, el corazón no deja de latir porque sí, no, yo lo sé, pero no lo escucho y me entra la angustia cada vez que llevo mi mano hasta el pecho y no hay ningún latido, no sabes lo que es tener un hueco en el pecho y no poder llenarlo con nada; tenía tanto miedo que tú te dieras cuenta de que estaba vacío, por eso fui a la estación de trenes, pero tú no me escuchas, nunca me escuchas cuando tengo que decirte algo importante, ¿estás escuchando? Por eso fui a la estación de trenes, para pensar en cómo decirte que no tengo corazón, que dejo de latir y quizá no lo vuelva a recuperar jamás. No creas que no me doy cuenta de todo lo que haces.
Me doy cuenta perfectamente de todo. Me doy cuenta de que no quieres responderme, que vas de la televisión a la ventana y no quieres responderme ¿También piensas que soy inútil? Yo no tuve la culpa, no sé cómo pudo pasar ¿Cómo iba a saberlo? Como iba a adivinar que estarías justo ahí, en la estación de trenes con tu maleta hecha y todo ¿Todavía crees que te seguí? ¿Todavía lo crees? Porque cuando a lo lejos vi una silueta igual a la tuya pensé en regresar a la casa, que no podrías ser tú porque me amas y yo sólo iba por un poco de aire en la cara, que no tendrías a donde ir con esa maleta, que no eras tú, pero ese tipo, Margarita, ese tipo que te besó me sacó no sé qué animal del pecho y fue cuando mi corazón latió, volvió a latir Margarita, latió por ti; fue cuando te hablé de golpe y tu volteaste a verme con tu cara de idiota, por eso me arrojé hacia ti con todo el calor que mi corazón provocó y tu caíste a las vías, lo admito, pero fue un accidente. Cálmate. Fue un accidente. Ahora estas aquí, ahora ninguno de los dos ira jamás a la estaciones de trenes, te lo prometo, ahora estamos de vuelta en casa, cálmate y cierra la ventana que me ponen nervioso las sirenas.





RUTA 100

El escuadrón de los taxistas kamikaze

Armando Vega Gil


¡No te subas ahí! —Me gritó la Nati en un arrebato místico—, ¡ese minitaxi es un ataúd con llantas!
Natividad Tungusca leía el futuro en los asientos de tu exprés turco cortado en un regacho café-tarot de la Escandón. “De día pongo sellos en una oficina de Correos —me había dicho sonriendo con sus incisivos destellantes por la gracia de un par de incrustaciones de oro en forma de estrella de cinco puntas—; pero al caer el sol me vuelvo pitonisa...Y no pongas esa cara, ¡animal! Pitonisa es una sacerdotisa especializada en adivinar el porvenir, no una sexoservidora de San Pablo”. Nati y yo salíamos esa medianoche de un tremendo reventón donde servían cubas tibias hechas con un brandy chafa capaz de matar borregos. “Mejor me quedo —me aclaró enamorada—, ahí en la fiesta hay un prieto al que le quiero leer el iris, las palmas de los pies y las manchas de sus calzones”.
¡Fuiiit!, la interrumpí pegando un chiflidote arriero a un minitaxi que cruzaba por ahí cual alma en pena. Natividad me gritó que no lo abordara, pero yo estaba harto y quería irme a mi camita a echar la güeva. Dentro del ataúd con llantas me di cuenta de mi error: la máquina verde-ecologista bufaba de a panza con gastritis, del asiento del pasajero se asomaban resortes herrumbrosos, y el piso estaba tan picado que bien podíamos meter freno con la suela de los zapatos estilo Picapiedra. No traía su tarjetón con foto ni taxímetro, a más que el finísimo y marrano chofer tenía el cabello sebudo peinado estilo almohadazo y la camisa agujerada. — ¿A dónde, va? —me preguntó con un aliento que acabó de ponerme hasta atrás—. ¿Palenque con Morena? ¡Chale, mai! En lo que trataba de explicarle que aquello no era albur sino un entronque en la Narvarte, el chafirete metíale la chancla a fondo al Vocho que, a pesar de que sus pútridos amortiguadores se me encajaban en el riñón, volaba a más de cien por hora. ¡Fumm!
¡Fummm!, zumbaban los postes mientras agarraba las curvas con rechinidos de llanta con huarache. Al verme agarrado a veinte uñas del respaldo, el taxista me contó su verdadera vocación: —No te saques de onda, padrino. Al contrario, ponte chido —me dijo al invitarme un jalón de cigarro ilegal—. ¿Has oído hablar del escuadrón de taxistas kamikaze? La sangre se me bajó a los talones: el tal escuadrón era un grupo de taxistas que salían por las noches a recoger pasaje y someterlos al estímulo del adrenalinazo. Apagaban las luces, aceleraban a más no poder y, sin voltear ni frenar tantito, cruzaban a ciegas las grandes avenidas que se abrían a su paso con los semáforos parpadeando en preventiva. Lo único que los podía detener era un superchoquemadrazazazo o la dirección del pasajero. Sí —le contesté fingiendo calma—, pero no existe, ¿verdad? Son una leyenda urbana.
— ¿De veras? —me respondió justo cuando apagó sus luces rumbo al Eje Central. El icuiricui comenzó a gemir y yo a mojar mis pantalones, cuando de pronto...la máquina tosió, pegó un reparo y se paró en seco. — ¡Uta! —respingó el chof—, a buena hora me fallas.
Salté del taxi. Detrás de mí escuché una mentada, pero no me detuve sino hasta una esquinita donde me escondí tras un montón de basura harto apestocha. A lo lejos escuché arrancar de nuevo al minitaxi que fue a perderse en la oscuridad bajo el estruendo de sus punterías descalibradas. Decidí mejor irme a mi casa a pata. Al llegar a la esquina de Xola y Vertiz, vi un choque espantoso: un Cougar embarrado contra una tiendita Oxxo 24 horas yun minitaxi patas parriba todavía con las llantitas girando. Mi primera reacción fue ir a ayudar a los heridos, pero al ver el taxi preferí no comprobar si el chofer era el ruletero seboso que había estado a punto de matarme. Llamé a una ambulancia que llegó media hora tarde (los sábados por la noche hay harta chamba) y me fui a mi casa con la duda de si el escuadrón de taxistas kamikaze existía o no. De ahora en adelante no tomo taxis de noche a menos que mi cuata, Natis, la pitonisa, les dé el visto bueno.


Ruta 100
¿Qué güerita? ¿Esperando el camión? ¡Cuidado en donde te subes eh¡ No vayas a terminar con un taxista loco que le vale todo. Aunque podría ser un viajesote. ¡Jajajaja! ¿Qué? ¿No los conoces? Esos viejos locos que se matan por gusto. Es un ataúd con llantas. Esos no son taxistas sino muerteros. ¿Por qué esa cara? No, chaparrita, no es un cuento urbano. Por ésta que sí existen, yo los vi con estos pinches ojos que se han de comer los gusanos. ¡Jajaja! No señorita, es que usted no sabe todo lo que se vive en estos lugares.
Mucho cuidado, por eso, súbale chaparrita, hay lugares.
RUTA 100